Si estás criando a tu hijo o hija en Colombia y te viene a la cabeza esta idea: “Con este horario de trabajo tan pesado, ¿cómo voy a sacar tiempo para enseñarle inglés a mi hijo?” déjame decirte algo con toda tranquilidad: no estás sola ni solo. Esta es una de las preocupaciones más comunes entre las familias que quieren enseñar inglés en un entorno donde todo, la calle, el colegio, la familia, funciona en español. Y no tiene nada que ver con falta de compromiso. Tiene que ver con la vida real y con los horarios que tenemos a disposión.
¿Por qué un horario apretado sí influye en el bilingüismo?
No es culpa tuya. Hay razones muy concretas por las que el tiempo limitado puede hacer que el proceso se sienta cuesta arriba.
1. Menos exposición constante al inglés
Para que un niño aprenda un idioma, necesita escucharlo y usarlo con cierta regularidad. No se trata de horas eternas, pero sí de constancia.
Cuando pasas muchas horas trabajando:
- Hay menos momentos tranquilos para leer cuentos
- Se repiten menos canciones
- Las rutinas en inglés se van posponiendo
Y sin darnos cuenta, el idioma empieza a aparecer “de vez en cuando”, cuando en realidad el cerebro infantil aprende mejor con repetición y continuidad.
2. El adulto termina cargando con todo
Cuando enseñamos inglés en casa, especialmente en un país donde no se habla inglés, el adulto cumple muchos roles al tiempo:
- Habla el idioma (aunque no sea perfecto)
- Busca recursos
- Organiza rutinas
- Recuerda ponerlos en práctica
Con un horario laboral exigente, esa carga se siente pesada y es normal que aparezca el cansancio mental.
3. Falta de energía para planear
Muchas veces no es que no tengamos ideas, sino que no tenemos cabeza para organizarlas. Pensar cuándo leer, qué ver, qué escuchar, cómo encajar el inglés en la semana… requiere energía. Y cuando llegamos agotados del trabajo, planear algo más se vuelve muy difícil.
4. El desánimo viene cuando “no se ven avances”
El aprendizaje de un idioma no es lineal. Hay etapas en las que parece que el niño no avanza nada. Si ya estás cansada o cansado por el trabajo, es fácil pensar:
- “No está funcionando”
- “Tal vez no lo estoy haciendo bien”
- “Mejor lo dejamos así”
Estas pausas son normales, pero el agotamiento las vuelve más frustrantes.
Entonces… ¿qué se puede hacer?
Aquí viene la parte importante: un horario apretado no significa renunciar al bilingüismo. Significa que hay que ajustarlo a tu realidad.
Apoyarse en equipo (si hay pareja)
Si hay otro adulto en casa, el bilingüismo no tiene por qué depender solo de uno. Aunque la otra persona no hable inglés, puede ayudar a:
- Recordar rutinas
- Poner recursos
- Sostener el hábito cuando tú no puedes
El acompañamiento, más que el idioma, es lo que marca la diferencia.
Buscar apoyos externos, si es posible
En un entorno hispanohablante, cualquier apoyo cuenta:
- Un familiar
- Un cuidador
- Un espacio donde el niño escuche inglés de forma natural
No tiene que ser perfecto ni permanente. A veces, un pequeño apoyo es un gran alivio.
Ajustar expectativas sin culpa
Esto es clave. Tal vez este no sea el momento para:
- Hablar inglés todo el día
- Tener rutinas largas
- Apuntar a una fluidez inmediata
Y está bien. El bilingüismo no es “todo o nada”. A veces avanzar significa mantener el contacto, no intensificarlo. La flexibilidad no es rendirse. Es cuidar el proceso y también cuidarte a ti.
El bilingüismo cabe en la vida real
Criar a un niño bilingüe mientras trabajas mucho no es fácil, pero tampoco es imposible. No se trata de hacerlo perfecto, se trata de hacerlo posible. Incluso con poco tiempo se puede tener espacios para:
- Un cuento corto
- Una canción repetida
- Una rutina sencilla
y así se pueden sostener las rutinas y mantener vivo el interés por el idioma.
Si hoy sientes que el trabajo te supera, respira. No has fallado. El bilingüismo es un camino largo, y cada etapa se adapta.

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