Si en algún momento sientes que tu hijo o hija pierde el interés en el aprendizaje del inglés o te ha dicho algo como: “Mamá, no quiero hablar inglés”, quiero empezar diciéndote algo importante: tranquilo, no estás haciendo nada mal. Esto es una situación muy común en familias que viven en países hispanohablantes como Colombia y están criando a sus hijos con inglés como segundo idioma. De hecho, es tan frecuente que casi podríamos llamarla una etapa esperable dentro del camino del bilingüismo.
Hablemos de esto con calma, como si estuviéramos conversando sin afán, porque entender lo que hay detrás cambia por completo la forma en la que lo vivimos.
¿Por qué mi hijo no quiere hablar inglés?
Es frustrante, claro que sí. Uno invierte tiempo, intención y cariño, y de repente aparece la resistencia. Pero en la mayoría de los casos, no se trata de un rechazo al inglés, sino de una combinación de factores muy normales.
El deseo de encajar
En Colombia, el español es el idioma de la escuela, de los amigos, de los primos, del barrio, del juego. Cuando los niños empiezan a socializar más, quieren sentirse parte del grupo. Hablar inglés puede hacerlos sentir “diferentes”, y a ciertas edades eso no siempre es cómodo.
El idioma dominante siempre gana terreno
El español está en todas partes: televisión, colegio, conversaciones cotidianas. Es lógico que sea el idioma más fácil y automático para ellos. El inglés, al no ser el idioma del entorno, requiere más esfuerzo mental, sobre todo si no se usa con frecuencia fuera de casa.
Las etapas de desarrollo también influyen
Los niños no aprenden de forma lineal. A medida que crecen, cuestionan más. Algo que aceptaban sin problema a los 4 o 5 años (“hablamos inglés en casa”) puede empezar a incomodarles más adelante. No es rebeldía gratuita: es parte de cómo construyen su identidad y autonomía.
Mensajes poco claros (sin querer)
Si como adultos a veces flexibilizamos el uso del inglés porque “hoy estamos cansados” o porque “no pasa nada si hablamos solo español”, los niños captan rápidamente la señal. Para ellos puede volverse confuso qué tan importante es realmente el inglés dentro de la familia.
Qué NO ayuda cuando aparece la resistencia
Cuando un niño se niega a hablar inglés, hay reacciones muy humanas que conviene evitar:
- Rendirse de inmediato. Pensar “ya más adelante retomamos” suele llevar a que el inglés se vaya diluyendo.
- Enojarse o forzar. El idioma no se sostiene desde la tensión.
- Dejarse presionar por opiniones externas. A veces familiares o conocidos sugieren que insistir con el inglés es innecesario o exagerado. Pero tú conoces a tu hijo y tus motivos.
Criar bilingüe en un entorno mayoritariamente hispanohablante requiere convicción tranquila, no lucha.
Qué SÍ puedes hacer para acompañar esta etapa
Aquí van estrategias sencillas, realistas y aplicables en casa:
a) Redirigir con calma
Si tu hijo te habla en español cuando saben que es momento de usar inglés, puedes decir algo como: “¿Me lo dices en inglés, por favor?” Sin sermón, sin reproche.
b) Apoyarte en señales no verbales
A veces basta una mirada, un gesto o una pausa para que el niño recuerde que ese momento es en inglés. No todo tiene que ser verbal.
c) Mantenerte constante (aunque otros no entiendan)
La constancia, más que la perfección, es lo que sostiene el bilingüismo. Ser firme no significa ser rígido, sino coherente.
d) Explicar el “para qué” una y otra vez
Los niños necesitan escuchar varias veces por qué el inglés es importante para la familia: para comunicarse, para viajar, para abrir oportunidades, para disfrutar contenidos. Hazlo de forma sencilla y natural, adaptada a su edad.
e) Aumentar el contacto con el inglés
Cuanto más presente esté el inglés en su día a día, menos esfuerzo les va a costar usarlo. Libros, canciones, juegos, series cortas, rutinas simples en inglés ayudan muchísimo. No se trata de cantidad extrema, sino de regularidad.
f) Reconocer el esfuerzo
Cuando tu hijo sí hace el intento, aunque no sea perfecto, dilo: “Gracias por hablarme en inglés, sé que a veces cuesta.” Ese reconocimiento fortalece la confianza y el vínculo con el idioma.
g) Ajustar expectativas cuando sea necesario
No todos los momentos son iguales. Habrá etapas más fluidas y otras más difíciles. Ajustar metas no es rendirse, es cuidar la relación de tu hijo con el inglés y contigo. El bilingüismo es un proceso largo, no una carrera.
Recuerda
Que tu hijo prefiera el español en ciertos momentos no significa que el bilingüismo esté fallando. Significa que está creciendo, adaptándose a su entorno y probando límites. Con paciencia, constancia y una mirada flexible, el inglés puede seguir teniendo un lugar vivo y significativo en su vida. No necesitas hacerlo perfecto. Solo necesitas hacerlo posible dentro de tu realidad familiar.

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