Hola de nuevo. En una publicación previa hemos hablado de lo importante que es definir qué nivel de fluidez en inglés te gustaría que tu hijo alcance. Pero hay una pregunta adicional igual de importante que a veces evitamos: ¿esa meta es realista para la vida que llevamos hoy como familia? Aquí es donde entra en juego algo fundamental en el bilingüismo en casa: poner los pies en la tierra. Porque soñar está bien, pero criar un hijo bilingüe no se trata de ideales perfectos, sino de lo que realmente podemos sostener en el día a día.
¿Por qué es tan importante saber si nuestra meta es realista?
Pensemos en algo muy cotidiano. Si nunca has corrido o trotado, proponerte una maratón suena motivador… pero si apenas tienes tiempo para caminar 20 minutos a la semana, lo más probable es que termines frustrado y lo abandones por completo. Con el bilingüismo pasa exactamente lo mismo.
Entre más alta sea la meta que tengas para el inglés de tu hijo, más recursos vas a necesitar. Y esos recursos no son solo económicos: también son tiempo, energía y constancia.
Tres cosas que crecen cuando tus metas son más ambiciosas
1. La cantidad de inglés que tu hijo necesita escuchar y usar
- Si tu meta es que tu hijo tenga un buen nivel de inglés, no basta con una canción ocasional o una clase esporádica.
- Cuanto más alto sea el objetivo (especialmente si incluye leer, escribir o usar el idioma con fines académicos), se van a necesitar más horas reales de exposición al inglés.
- Se tiene que hablar en inglés en conversaciones, juegos, cuentos, rutinas, videos, interacción. No todo al tiempo, pero sí con frecuencia.
2. La calidad del inglés al que está expuesto
- No es lo mismo aprender palabras sueltas que desarrollar un lenguaje rico y amplio.
- Si tu meta es básica, el input puede ser sencillo. Pero si quieres que tu hijo piense, lea o escriba en inglés, necesitará escuchar estructuras más completas, vocabulario variado y contextos más complejos.
- Un cuento corto no cumple la misma función que una historia larga, una conversación profunda o un texto adaptado a su edad.
3. El tiempo (y aquí muchos nos sorprendemos)
- Esta es una de las trampas más comunes.
- Es cierto que muchos niños empiezan a comunicarse en inglés relativamente rápido si hay buena exposición. Pero desarrollar habilidades sólidas toma años.
- Si tu meta incluye leer y escribir con soltura en inglés, estamos hablando de procesos que pueden tomar cinco, siete o incluso diez años. Y eso es completamente normal.
El error más común (y muy humano)
Algo que veo con frecuencia es esto:
- Queremos que nuestros hijos tengan un bilingüismo “perfecto”, pero no siempre tenemos el tiempo, la energía o el entorno para sostener lo que esa meta exige.
- Cuando las expectativas son muy altas y la realidad no acompaña, aparece la frustración. Y desde ahí, muchas familias terminan abandonando el inglés por completo.
Y eso sí sería una pena, porque cualquier nivel de bilingüismo suma.
Cómo hacer tu propio ajuste de expectativas (sin culpas)
Hazte estas preguntas con total honestidad, no para juzgarte, sino para cuidarte:
- ¿Cuánto tiempo realista puedo dedicar al inglés en la semana, tal como es mi vida hoy?
- ¿Tengo energía para sostener rutinas en inglés o necesito algo más flexible?
- ¿Mi hijo recibe mucho español de forma natural (familia, colegio, entorno)?
- ¿Tengo acceso fácil a libros, juegos o recursos en inglés?
- ¿Estoy dispuesto a pensar esto como un proceso largo y no como un resultado rápido?
No hay respuestas correctas o incorrectas. Solo respuestas reales.
Algunas verdades que vale la pena recordar
1) Cualquier nivel de inglés logrado es valioso.
No necesitas apuntar al bilingüismo “equilibrado”. De hecho, es poco común. Incluso entender inglés, aunque no se hable con fluidez, ya es una gran ventaja.
No necesitas apuntar al bilingüismo “equilibrado”. De hecho, es poco común. Incluso entender inglés, aunque no se hable con fluidez, ya es una gran ventaja.
2) Las metas se pueden ajustar.
La vida cambia. El trabajo cambia. Los hijos cambian. Ajustar expectativas no es rendirse, es ser flexible e inteligente.
3) Es mejor un plan sostenible que uno perfecto.
Lo que se mantiene en el tiempo siempre gana frente a lo que se hace con mucha intensidad… pero solo por poco tiempo.
Recuerda
Criar un hijo bilingüe no es exigir más, es alinear lo que soñamos con lo que realmente podemos hacer.
Cuando tus metas y tu realidad están sincronizadas, el camino se vuelve más tranquilo, más disfrutable y mucho más sostenible. No se trata de llegar rápido, sino de no abandonar. Y eso, en el bilingüismo y en la crianza, ya es un enorme logro.

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